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La colonitzaciˇ de Sierra Morena i Andalusia de 1767-1768 i
el Fuero de las Nuevas Poblaciones

REAL CEDULA DE SU MAGESTAD,

Y SEĐORES DE SU CONSEJO, QUE CONTIENE

LA INSTRUCCION ,

y fuero de poblacion, que se debe observar en las que se formen de nuevo en la Sierramorena con naturales, y estrangeros Catˇlicos.

A˝o 1767

 EN MADRID


En la Oficina de Don Antonio Sanz, Impresor del Rey nuestro Se˝or, y de su Consejo.

 

DON CARLOS, POR LA GRACIA DE DIOS, Rey de Castilla, de Leon, de Aragon, de las dos Sicilias, de Jerusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerde˝a, de Cordoba, de Corcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canarias, de las Indias orientales y Occidentales, Islas, y Tierra-firme del Mar oceano, archiduque de Austria, Duque de Borgo˝a, de Brabante, y de Milßn, Conde de Abspurg, de Flandes, Tirˇl, y Barcelona, Se˝or de Vizcaya, y de Molina, &c.= A vos Don Pablo de Olavide, Caballero del Orden de Santiago, mi asistente de la ciudad de Sevilla, y Intendente del Exercito de Andalucia, Superintendente General electo para la direccion de las nuevas Poblaciones, que se han de hacer en Sierramorena; y demas Corregidores, Intendentes, Jueces, Justicias, Ministros, y personas qualesquier de todas las Ciudades, Villas, y Lugares de estos mis Reynos, y Se˝orios, Ó quien lo contenido en esta mi Cedula toca, ˛ tocar puede en qualquier manera, salud, y gracia: SABED, que habiendome propuesto Don Juan Gaspar de ThurriÚgel, de Nacion Bßvaro, de Religion Catolico, la introduccion de seis mil Colonos Catolicos Alemanes, y Flamencos en mis Dominios, tube Ó bien admitir esta proposicion, baxo de diferentes declaraciones, que reducidas Ó Contrata se expresan por menor en mi Real Cedula, expedida en el Pardo ß dos de Abril de este a˝o, encargando al mi Consejo, que para la referida introduccion, y establecimiento de los Pobladores, formase, con acuerdo del Superintendente General de mi Real Hacienda, la Instruccion competente; en cuya virtud la execut˛ de su orden Don Pedro Rodriguez Campomanes, mi FiscÓl, con dicho acuerdo, baxo las reglas que contienen los Capitulos siguientes:

I.              Ante todas cosas establecerÓ el Superintendente de las Poblaciones su correspondencia con los quatro Comisionados de las Caxas de Almagro, Almeria, MÓlaga, y Sanlucar de Barrameda; para enterarse del sucesivo arribo de los Pobladores Alemanes y Flamencos, y dar las ordenes convenientes que estime oportunas, teniendo ß la vista la Real Cedula de dos de Abril, y la Instruccion particular, que con esta fecha se ha formado, para gobierno de los Comisionados de las quatro Caxas, baxo de las ordenes del expresado Don Pablo de Olabide.

II.            Consiguiente Ó lo referido, no solo harÓ observar la citada Instruccion, sino que podrÓ comunicarles todas las demas ordenes y prevenciones, que juzgase oportunas, para el mas pronto avýo de los Pobladores.

III.           DeberÓ luego situar la Contaduria de intervencion de caudales, que se empleen en las nuevas Poblaciones i sus incidencias ; para que en ella se recojan las ordenes, y papeles tocantes Ó esta comision, y se lleve la cuenta y razon de los caudales, conforme al metodo que se estila en las Contadurias de las Provincias: procurando que sea el mas expedýto, y claro, escusando formalidades difusas ˛ inutiles.

IV.           Tambien cuidarÓ de que la Pagadurýa vaya con igual formalidad y expedicion; para que los caudales salgan con legitimos libramientos del Superintendente, recogiendose por el Pagador los resguardos respectivos: ordenando por meses una Relacion intervenida por la Contaduria ; para que de este modo, a fin de a˝o, sea facil formalizar la cuenta general de Ŕl.

V.             El primer cuidado del Superintendente de dichas Poblaciones debe estar en elegir los sitios, en que se han de establecer; y en que sean sanos, bien ventilados, sin aguas estadizas, que ocasionen intemperie; haciendo levantar un Plan para que de este modo en todas las dudas que ocurran, tenga a la vista la posiciˇn material de los terrenos, y se pueda hacer cargo de ella.

VI.           Cada Poblaciˇn podrÓ ser de quince, veinte, o treinta casas Ó lo mßs, dßndoles la extensiˇn conveniente.

VII.         SerÓ libre al Superintendente establecer estas casas, contiguas unas Ó otras ˛ inmediatas Ó la hacienda que se asigne a cada Poblador; para que la tenga cercana, y la pueda cerrar y cultivar, sin perder tiempo en ir y venir Ó las labores, adoptando con preferencia este ultimo metodo, siempre que la situacion del terreno lo permita, ˛ facilite.

VIII.        A cada vecino Poblador se le darÓ, en lo que llaman navas ˛ campos, cincuenta fanegas de tierra, de labor, por dotacion y repartimento suyo: bien entendido que si alguna parte del terreno del respectivo lugar fuere regadýo, se repartirÓ Ó todos proporcionalmente lo que les cupiere, para que puedan poner en Ŕl huertas, ¨ otras industrias proporcionadas Ó la calidad, y exigencia del terreno, quedando de cuenta de los Pobladores el abrir la zanja ˛ acequia para el riego, y acudir Ó sus reparos con igualdad, respecto Ó prorratearse entre todos el disfrute.

IX.           En los collados y laderas, se les repartirß ademas algun terreno para plantýo de Arboles y Vi˝as, y les quedarÓ libertad en los valles y montes; para aprovechar los pastos con sus Bacas, Ovejas, Cabras, y Puercos, y lo mismo la le˝a para los usos necesarios: plantando cada uno de cuenta propia los Arboles que quisiere en lo valdýo y p˙blico, para tener madera Ó propios usos, y para comerciar con ella.

X.              Se tomarÓ noticia del valor de estas tierras, ˛ suertes, que por igual se reparten Ó cada nuevo Poblador, y con atencion al tiempo necesario Ó su desguage y rompimiento, se impondrÓ un corto tributo Ó favor de la Corona con todos los pactos enfiteuticos, y se˝aladamente el de deber permanecer siempre en un solo Poblador util, y no poder empe˝arse, cargar censo, vinculo, fianza, tributo, ni gravamen alguno, sobre estas tierras, casa, pastos, y montes; pena de caer en comiso y de volverse libremente Ó la Corona , para repartir Ó nuevo Poblador util; y por consecuencia tampoco se podrÓn dividir estas suertes, ni enagenar en manos muertas, ni fundar sobre ellas Capellanias, Memorias, ˛ Aniversarios, ni otra carga de esta ni distinta naturaleza.

XI.           Demarcados los terrenos, que se asignen Ó cada Pueblo, se pondrÓn se˝ales; y despues se reduciran Ó mojoneras de piedra, que dividan este termino de el de otros Pueblos poblados, ˛ que se pueblen de nuevo, para que de este modo cesen contiendas, y disputas embarazosas de terminos entre los Pobladores nuevos y los antiguos.

XII.         Por la misma razon se harÓn zanjas o mojoneras a cada suerte, cuidando el nuevo Poblador de cercarla, ˛ plantar Arboles frutales, ˛ silvestres en las mßrgenes i lindes divisorias de las tierras, que es el modo de que queden perpetuamente divididas: habiendo en cada Pueblo un Libro de Repartimiento, que contenga el numero de las suertes, ˛ qui˝ones en que estÓ dividido, y el Poblador en que se repartieron: dandosele Ó cada uno de los Vecinos copia de su hijuela ˛ partida; para que le sirva de titulo en lo sucesivo, conservandola en su poder, sin necesidad de acudir al Libro de Repartimento.

XIII.       La distancia de un Pueblo Ó otro deberÓ ser la competente, como de quarto ˛ medio quarto de legua poco mßs ˛ menos, seg˙n la disposiciˇn y fertilidad del terreno; y se cuidarÓ, que en el principio del Libro de Repartimiento haya un Plan, en que estŔ figurado el termino, Ŕ indicados sus confines, para que de este modo sean en todo tiempo claros y perceptibles.

XIV.       Cada tres, ˛ quatro Poblaciones, ˛ cinco, si la situaciˇn lo pide, formarÓn una Feligresýa, o Concejo, con un Diputado de cada una, que serÓn los Regidores de tal Concejo, tendrÓn un Pßrroco, un Alcalde y un Personero comun para todos los Pueblos, y su rŔgimen espiritual y temporal: eligiÚndose el Alcalde, Diputado, y Personero en dÝa festivo, que no les distraiga de sus labores, y en la forma que prescribe el Auto-acordado de cinco de Mayo, Ŕ Instruccion de veinte y seis de Junio de mil setecientos sesenta i seis: bien entendido, que ningunos de estos oficios podrÓn jamÓs trasmutarse en perpetuos, por deber ser electivos constante y permanentemente; para evitar a estos nuevos Pueblos los da˝os, que experimentan los antiguos con tales enajenaciones; y es declaracion, que en los primeros cinco a˝os podrß el Superintendente de las Poblaciones hacer por sý estas elecciones, ˛ de oficios equivalentes.

XV.        En parage oportuno, y que sea como centro de los Lugares de un Concejo, se contruirÓ una Iglesia con habitaciˇn y puerta, para el Parroco, Casa de Concejo y Carcel; para que sirvan estos edificios promiscuamente Ó estos Pobladores, para sus usos espirituales y temporales.

XVI.      En esta misma inmediacion se podrÓn colocar los Artistas, que tengan oficios, para la comodidad de los Lugares de la Feligresýa , asignandoles en aquella cercanýa su repartimiento de tierras, en la conformidad que Ó los demas Pobladores.

XVII.    En lo de adelante deberÓn las mismas Poblaciones de un Concejo establecer Molinos, ¨ otros artefactos, ya sean de Agua, ˛ de Viento, los quales serÓ licito fabricar en los parages mas convenientes sin perjudicar Ó tercero: acordandose esto en su Ayuntamiento, para que conste la deliberacion y consentimiento, que ha precedido.

XVIII.      La elecciˇn de Pßrroco por ahora ha de ser precisamente del Idioma de los nuevos Pobladores, dandole sus licencias el Ordinario Diocesano, mediante Testimoniales que deben presentar, y el nombramiento del Superintendente de las Poblaciones Ó nombre de S.M.; pero en cesando la necesidad de valerse de Sacerdotes extrangeros, la eleccion se ha de hacer en Concurso con relacion de todos los aprobados, para que la Cßmara consulte, y nombre S.M. por su Real Patronato.

XIX.       Los Diezmos, que produzcan estos terrenos incultos, como novales, pertenecen enteramente al Real patrimonio, en uso de su regalýa, y remuneracion de las expensas, que le ocasiona el establecimiento de estas nuevas Poblaciones, volviendo fructiferos Ó costa de crecidos desembolsos, unos terrenos abandonados, ˛ en que no habia cultura permanente. debiendo los Fiscales salir Ó la voz, y defensa de qualquiera demanda ˛ mal nombre, que en esto se quisiese poner, y no es presumible Ó vista de la notoriedad del derecho Real.

XX.        A los Pßrrocos se aplicarÓn las Capellanias, que quedan vacantes en los Colegios que fueron de los Reguladores de la Compa˝ia , y serviran en sus Iglesias, guardando en la aplicacion la mente de los Fundadores, y entre tanto se les pagarÓ un situado, segun estime el Superintendente, Ó costa de la Real Hacienda.

XXI.      Cada Concejo de las nuevas Poblaciones deberÓ tener una Dehesa boyal, para la suelta y manutencion de las yuntas de labor; pero los pastos sobrantes de estas Dehesas, si los hubiere, no se podran arrendar, y servirÓn para baqueriles del Ganado bacuno de cria, y cerril; para reponer con Ŕl las yuntas, sin que la Mesta ni otro algun Ganadero pueda adquirir posesion, ni introducir otra especie diversa de ganados, acotandose y amojonandose estas Dehesas boyales, y colocandolas en un parage, que ademÓs de tener aguas para abrevadero, este a mano para los Lugares, que componen el Concejo, si fuere posible; cuya asignacion deberÓ hacer tambien por su autoridad el Superintendente de dichas Poblaciones.

XXII.     Si creyese conveniente establecer algunas tierras para una Senara, ˛ Peujar concegil, que laboreen los vecinos por concejadas en dias libres, y cuyo producto se convierta en gastos del comun y obras p¨blicas, tambien las podrÓ demarcar con el nombre de Senara Concegil: anotandose en los Libros de Repartimiento igualmente, que la Dehesa boyal; bien entendido que en estos Pueblos jamÓs ha de poner proponerse arbitrio sobre los comestibles, ni tiendas ˛ oficinas con estanco impeditivo del comercio.

XXIII.     La eleccion de los sitios y terminos de las nuevas Poblaciones, se harÓ Ó arbitrio del Superintendente, el qual procurarÓ hacerla, donde los vecinos de las Villas i Aldeas inmediatas a la Sierra , no tengan actualmente sus labores propias, para que no reciban verdadero perjuicio; pero si hubiere algunos manchones en los terminos de los nuevos Pueblos, que ˛ por tener aguas para abrevaderos, ˛ por redondear la demarcacion, sea preciso incorporar en ellos; en tal caso lo podrÓ hacer dicho Superintendente, dando Ó los interesados en otro parage terreno igual, ˛ equivalente al que se les tomare, haciendose todo esto de plano, Ó la verdad sabida, y por medio de peritos, que midan y regulen uno y otro: poniendose el sitio, que se dŔ en cambio, desmontado y corriente, Ó costa de la Real Hacienda , sin dar lugar ni admitir contradicciones voluntarias en una empresa, que pide celeridad y actividad, para llevarla al cabo, y a su debido termino.

XXIV.      Como puede haber recursos dudosos, que necesiten declaracion superior, debera el Superintendente de las Poblaciones dirigir las partes al Consejo, para que en el se les de el curso conveniente; sin que por esto retarde dicho Superintendente sus operaciones: no recibiendo sobre ello orden expresa, por deberse estimar como de naturaleza egecutiva y sumaria la demarcacion y plantificacion de las nuevas Poblaciones, Ŕ incomparablemente menos apreciable el reparo de un leve perjuicio (para cuya inmemnizacion hai siempre tiempo) que la dilacion en establecer estas familias con dispendio de la Real Hacienda , y desaliento de ellas mismas.

XXV.      En consequencia de lo antecedente se deben conceptuar, como sitios Ó proposito para la nueva Poblacion, todos los que se hallen yermos en la Sierramorena , se˝aladamente en terminos de Espiel, Hornachuelos, Fuenteovejuna, Alanis, el Santuario de la Cabeza , la Pe˝uela , la Aldeguela , la Dehesa de Martinmalo con todos los terminos inmediatos, y generalmente donde quiera que en el ßmbito de la Sierra y sus faldas, juzgare el Superintendente por conveniente situar los nuevos Pueblos.

XXVI.     Segun se vaya haciendo el se˝alamiento ˛ demarcacion, hara levantar su mapa ˛ pa˝o de pintura, y sin retardar los desmontes, construccion de casas, y demÓs preparativos conducentes, remitirÓ un duplicado al Consejo, en que estŔn anotados los confines, para que se apruebe,  ˛ advierta si algo hubiere que a˝adir: sirviendo tambien estas descripciones, para entender, y decidir con reflexion los recursos que sobrevengan; quedandose el Superintendente con el otro duplicado para su gobierno, y colocarle Ó su tiempo en el Libro de Repartimiento, segun lo que queda prevenido en el articulo trece, firmando estos planes el Superintendente con el Ingeniero, Agrimensor, ˛ Facultativo, que les haya levantado, pudiendo servir de modelo el de los despoblados de Espiel, remitido por el intendente de Cordoba.

XXVII.    Los colonos se irÓn introduciendo en los sitios demarcados para las nuevas Poblaciones, a medida del numero de casas, y capacidad de cada termino; para que hagan sus chozas ˛ caba˝as, y empiecen Ó descuajar y desmontar el terreno, cuidßndose de poner los de una lengua juntos, para que puedan tener Pßrroco de su Idioma por ahora; lo que serýa mas difÝcil interpolandose de distintas lenguas.

XXVIII.  Sin embargo, podrÓ el Superintendente promover casamientos de los nuevos Pobladores con Espa˝oles de ambos sexos respectivamente; para incorporarles mßs fßcilmente en el cuerpo de la Naciˇn ; pero no podrÓn por ahora ser naturales de los Reynos de Cordoba, Jaen, Sevilla, y Provincia de la Mancha , por no dar ocasion Ó que se despueblen los lugares comarcanos, para venir a los nuevos: en lo cual habrÓ el mayor rigor de parte del Superintendente y sus Subalternos.

XXIX.    SerÓ licito Ó este Superintendente sacar para estos casamientos y enlaces, el numero de personas que necesite de los Hospicios establecidos y que se establezcan en el Reyno; luego que estŔn instruidos en la Doctrina cristiana y en algun exercicio ˛ habilidad propia para ganar el pan, ˛ con la robustez suficiente para destinarse a la Agricultura.

XXX.     Es declaracion que las personas recogidas en los Hospicios de Cordoba, Jaen, Sevilla, y Almagro establecidos ˛ que se establezcan, no seran comprehendidas en la prohibicion de ser traidas Ó las nuevas Poblaciones de Sierra-morena, respecto Ó ser vagas, y haber desamparado sus hogares, no en fraude de la poblacion antigua, sino estimuladas de la desidia y holgazanerýa.

XXXI.    De lo dicho resulta la necesidad de que este Superintendente mantenga correspondencia con los que cuidan de los Hospicios establecidos, y que se establezcan: entendiendose en lo que sea necesario con los respectivos Intendentes y Corregidores: debiendo mirarse dichos Hospicios y Casas de Misericordia, como una almßciga, ˛ plantel continuo de Pobladores, para ir reponiendo la Sierra de habitantes utiles Ŕ industriosos.

XXXII.   CuidarÓ mucho el Superintendente, entre las demÓs calidades, de que las nuevas Poblaciones estŔn sobre los caminos Reales, ˛ inmediatas Ó ellos; asÝ por la mayor facilidad que tendrßn que despachar sus frutos, como por la utilidad de que estÚn acompa˝adas, y sirvan de abrigo contra los malhechores, ˛ salteadores p¨blicos.

XXXIII.    El Superintendente de las nuevas Poblaciones podrÓ librar el coste de materiales y jornales, que se gasten en la construccion de las casas, que deben habitar los nuevos Colonos, con las formalidades y economia debidas; pero cada cabeza de familia deberÓ concurrir Ó la construccion de su respectiva casa, con el auxilio de los inteligentes en Alba˝ileria, que haya entre los nuevos Colonos; y tambien se emplearÓn las demas personas de la familia en el acopio y subministracion de materiales, y en todos los demas alivios de los que esten destinados a los trabajos mas pesados, Ó fin de ahorrar Ó la Real Hacienda quanto sea posible el desembolso, en una empresa de suyo ardua.

XXXIV.    Muchas mugeres, que estŔn criando, como asimismo los ni˝os y ni˝as de tierna edad, son inutiles en las nuevas Poblaciones, interin se construyen, y desmontan los terrenos: por lo qual serÓ facultativo al Superintendente colocarles en Cordoba, Andujar, Almagro, y en las demas Casas, que fueron de los Regulares de la Compa˝ia provisionalmente; para que allý se mantengan, y alimenten Ó modo de Hospicio, con toda caridad y cuidado; Ó fin de trasladar estas personas, quando los nuevos Pueblos estŔn habitables, Ó vivir con sus padres ˛ maridos respectivamente; debiendo ayudar en esto al Superintendente de las nuevas Poblaciones los Intendentes, Gobernadores, Corregidores, y Justicias respectivas, por el interŔs p¨blico, que en esto resulta: correspondiendose llanamente y de buena fe; y Ó mayor abundamiento se confiere al Superintendente de las nuevas Poblaciones toda la superioridad y autoridad necesaria, para arreglar lo que convenga estas Casas: Ó cuyo efecto los Subdelegados del Consejo Extraordinario, que entienden en la ocupacion de sus temporalidades, le prestarÓn el auxilio necesario, segun las ordenes que Ó este fin se les darÓn.

XXXV.    Siendo necesario comprar muebles, granos, aperos, y ganados de labor, se darÓn con preferencia y la debida cuenta y razon, para el efecto de estas nuevas Poblaciones por los Juezes Subdelegados, que entienden en la ocupacion de dichas temporalidades, y casas que se˝ale el Superintendente de las nuevas Poblaciones, en la Mancha , Andalucia, y Extremadura, para lo que tambien se subministrarÓn las ordenes necesarias.

XXXVI.    En los demas utensilios, que se necesitaren para dichas Poblaciones, deberÓ el Superintendente hacerlos acopiar, segun su prudencia y noticias, con la economia, cuenta, y razon debidas.

XXXVII.   Tambien se subministrarÓ la Tropa , que se estime, para que ayuden al corte de maderas, saca de piedra, edificacion de casa, y descuajo de las tierras, a˝adiendo al prest ordinario, el sobresueldo que se estime: quedando al arbitrio del Gobierno examinar, si esta Tropa ha de ser Nacional ˛ Estrangera, y al arbitrio del Superintendente de las Poblaciones, de acuerdo con su Comandante, la distribucion respectiva Ó los trabajos mas propios: en el supuesto de que la Tropa deberÓ acampar con sus tiendas.

XXXVIII   Todos los Colonos, que sean Artesanos, deben ser provistos de los instrumentos de sus respectivos oficios; para que desde luego puedan ser empleados con utilidad de los establecimientos.

XXXIX.    Tambien se debe subministrar hierro, y madera, como materiales precisos de las Artes: cuidando el Superintendente de hacer repuestos, y de hacerlos colocar al pie de la obra.

XL.         A cada familia es preciso dar un pico, un hazadon, un hacha, un martillo, un arado, un cuchillo de monte, y demas utensilos de esta especie, que necesiten, Ó juicio del Superintendente, para desmontar y cultivar la tierra: examinandose la conveniencia de trabajarles al pie de las Poblaciones por los mismos Colonos, que sean Herreros, ˛ si convendrÓ traerles hechos de Vizcaya, Barcelona, ¨ otra parte del Reyno, donde fe hallen prontos y vendibles, para no retardar los trabajos por falta de estos instrumentos.

XLI.        Se deberÓ tambiÚn distribuir Ó cada familia dos bacas, cinco ovejas, cinco cabras, cinco gallinas, un gallo, y una puerca de parir.

XLII.       Se le surtirÓ de grano, y legumbres en el primer a˝o, para su subsistencia y sementera.

XLIII.     Tambien se surtirÓ Ó cada familia de alguna tosca baxilla de barro, y dos mantas, entregando alguna porcion de ca˝amo, lana, y esparto, para que empleandose en su beneficio las mugeres, ayuden Ó los progresos del establecimiento; pudiendo beneficiar estos materiales en los depositos de Almagro, Andujar, y Cordoba, que se deben hacer, como vÓ dicho al articulo treinta y quatro, en las casas que fueron de los Regulares de la Compa˝ia.

XLIV.      En estas existen muchos muebles inutiles, que se deben destinar Ó Casas de Misericordia, y en ninguna obra pýa estarÓn mejor empleados dichos muebles, quales son platos, cazuelas, ollas, camas, colchones, sillas, &c, que en las nuevas Poblaciones, que por ser verdaderos pobres los individuos, que vÓn a formarlas: prescindiendo del corto valor, que rendirian vendidos, y lo que restare, se comprarÓ con la cuenta, razon, y economýa correspondiente, baxo las ordenes del Superintendente.

XLV.      Los granos, legumbres, y ganados, podrÓn tomarse, en lo que alcancen, de los que existen propios de las Casas de la Compa˝ia , segun lo dispuesto en el articulo treinta y cinco: regulandose su precio, para el reintegro respecto Ó deber cesar sus labranzas, quedando inutiles, y aun expuestos Ó irse disminuyendo de dia en dia.

XLVI.     Estando las Iglesias de los Regulares de la Compa˝ia actualmente cerradas, con la noticia del Juez que entiende en la ocupacion de las temporalidades, y del Reverendo Obispo Diocesano, se trasladarÓn a las nuevas Poblaciones los Vasos Sagrados, y Ornamentos necesarios para las Iglesias ˛ Capillas, que allý se erijan, respecto de estar destinados Ó Parroquias Ŕ Iglesias pobres, y ningunas lo son mas que estas.

XLVII.      EstablecerÓ el Superintendente en el parage, que juzgue mas conveniente, un Mercado franco semanal, dos, ˛ mßs, seg˙n la extension de los nuevos Pueblos; porque de esta manera estaran surtidos los Pobladores y la Tropa de cuanto necesiten, Ó comodos y corrientes precios.

XLVIII.    TendrÓ el Superintendente la autoridad necesaria en los montes de la Sierra de Segura y en otros qualesquiera, par hacer cortar la madera necesaria para la construccion y demas usos de las nuevas Poblaciones; arreglandolo en equidad conforme Ó las Ordenanzas, y dando cuenta al Consejo, sin retardacion de sus providencias en lo que fuere preciso, excusando todo agravio.

XLIX.      No siendo facil dar punto fijo en todo lo que necesitarÓn los Colonos, debe quedar esta parte sujeta Ó las observaciones del Superintendente, y Ó aquellas variaciones ˛ adiciones, que la misma experiencia le subministrarÓ, procediendo por asientos ˛ ajustes particulares, Ó medida que las cosas se vayan necesitando: conspirando todas sus providencias Ó dos objetos, que son: subministrar Ó los Colonos lo necesario, para que no tengan justo motivo de queja, y Ó promover la economýa posible; para evitar, quanto sea dable, los dispendios de la Real Hacienda.

L.            No siendo tampoco fßcil reducir todos los sucesos Ó Instruccion, quedarÓn los demas al arbitrio del Superintendente, dando cuenta al Consejo en los que miren al establecimiento de la Poblacion y sus Leyes, y Ó la Via reservada de los economicos; para que todo esto se expida con brevedad y sin confusion; pero por esta noticia que dŔ, no retardarÓ sus operaciones; ni tampoco se distraerÓ en avisar cosas menudas, porque todas estas estÓn fiadas Ó la probidad, y conducta de la persona elegida.

LI.           Siendo preciso, que tenga baxo de su mano el Superintendente personas respetables y de talento, que le ayuden en los diferentes puntos, y parages en que Ó un tiempo se estarÓn desmarcando, y levantando las nuevas Poblaciones, quedarÓ en su libertad elegirlas, y subdelegarles aquella autoridad y facultades, que tengan por conveniente: y asismismo podrÓ nombrar los Capellanes en calidad de Pßrrocos, Cirujano, Agrimensores, y otros qualesquiera Empleos necesarios Ó el todo de la empresa, asignandoles los salarios, ˛ ayudas de costa oportunas: de lo qual formarÓ un rol ˛ matricula firmada; para se les libren conforme Ó ella, dando noticia Ó la Via reservada de Hacienda.

LII.           Para todo lo referido y lo demas anexo y dependiente, se le confiere plena autoridad al citado Don Pablo de Olabide, con la facultad de subdelegar en una ˛ mas personas, con absoluta inhibicion de todos los Intendentes, Corregidores, Jueces, y Justicias, y con sujeccion unicamente al Consejo en Sala primera de Gobierno, y en lo economico Ó la Superintendencia General de la Real Hacienda ; para que de este modo no sea turbado en el uso de sus facultades, ni impedido el efecto de ellas: bien entendido, que establecidas las Poblaciones de todo punto, quedarÓn sujetas al derecho comun de su respectivo Partido; pero hasta entonces ni las Justicias inmediatas podrÓn entrometerse con los nuevos Pobladores, ni los Vecinos de los Pueblos comarcanos, entrar con sus Ganados en el termino de los nuevos Pueblos, ni estos en el de los antiguos; asi porque estas Comunidades siempre son perjudiciales, como para evitar las disensiones y zelos, que facilmente se engendrarian entre las Poblaciones antiguas, y las nuevas; cuyo inconveniente cesarÓ luego que estas se acostumbren al Pais y Ó la lengua comun.

LIII.       Esta Instruccion se ha de colocar tambien Ó la cabeza de los Libros de repartimiento, para que en todo tienpo conste de ella, y la miren los nuevos establecimientos como un Fuero invariable de Poblacion, y una regla para las que en adelante se vayan estableciendo de nuevo, Ó exemplo de las actuales.

LIV.       En el termino de dos a˝os, si no se pede lograr antes, debe tener cada Vecino corriente su suerte y habitacion; y no haciendolo, ˛ notandose abandono en su conducta, se le reputarÓ en la clase de vago, y quedarÓ en el arbitrio del Superintendente de las Poblaciones, segun las circunstancias, aplicarle al servicio Militar, Ó la Marina , ˛ otro conveniente, ˛ prorrogar el termino, si mediare justa y no afectada causa.

LV.        En los a˝os se˝alados para el desquajo, rotura, y cultivo de las tierras de su reparticion, no pagarÓn los Colonos pension, ni reconocimiento alguno, por razon de cÓnon enfiteutico Ó la Real Hacienda , cuya asignacion se dexa Ó la prudente regulacion del Superintendente de las Poblaciones, teniendo presentes las Leyes del Reyno.

LVI.       Aunque por estas se conceden seis a˝os de esencion de tributos, y cargas concegiles Ó los Estrangeros Artistas, que se introducen en estos Reynos, S. M. Amplia este termino al de diez a˝os, en consideracion Ó la calidad de Pobladores, y al mayor trabajo que han de tener para edificar romper y cultivar tierras.

LVII.      En consideracion Ó ser novales estas, se les concede la esencion de Diezmos por el termino de quatro a˝os, quedando Ó beneficio de los Colonos; y se defenderÓ por los Fiscales qualquiera mala voz, que se les ponga: quedando para lo sucesivo, pasados los quatro a˝os, Ó beneficio del Real Patrimonio, como vÓ puesto en el Articulo diez y nueve.

LVIII.     El Superintendente podrÓ admitir los pliegos, ˛ propuestas de todas aquellas personas acaudaladas, que quisieren entrar a poblar de su cuenta, algun sitio en la Sierramorena , haciendo Ó los Pobladores igual partido que la Real Hacienda , subrogandoles en el derecho de percibir el Diezmo, Ó su Real nombre, en recompensa de los gastos y expensas; sin que jamas pueda privarseles de este derecho, tantearse, ni incorporar en el Real Patrimonio; antes se les guardarÓ de buena fÚ, quanto en esta parte se estipule, consultandose por el Consejo Ó S. M., Ó fin de que recayga su soberana aprobacion.

LIX.        TendrÓn obligaciˇn los nuevos Vecinos, Ó mantener su casa poblada, y permanecer en los Lugares, sin salir ellos, ni sus hijos, ˛ domesticos estrangeros Ó otros domicilios, como no sea con licencia de S. M., por el tÚrmino de diez a˝os; pena de ser aplicados al servicio Militar de Tierra ˛ Marina, los que hicieren lo contrario: en lo cual no se hacen de peor condiciˇn estos Colonos, supuesto que en los Paýses de donde han de venir, tienen los Labradores por lo com˙n, la naturaleza y cargas de los manentes ˛ adscripticios.

LX.         DespuÚs de los diez a˝os deberÓn los Pobladores, y los que desciendan ˛ traygan causa de ellos, mantener tambiÚn la casa poblada, para disfutar las tierras, con la pena de comiso en caso contrario, y de que se repartirÓn a otro Poblador ˙til.

LXI.        No podran los Pobladores dividir las suertes, aunque sea entre herederos; porque siempre han de andar indivisas en una sola persona; ni menos se han de poder enajenar en manos muertas, segun queda tambien prevenido, por contrato entre vivos, ni por ultima voluntad, baxo tambien pena de caer en comiso; sin que contra esto pueda valer costumbre, prescripcion, posesion, ˛ lapso de tiempo, por quedar todo ello prohibido con clausula irritante; ni menos se le podra poner censo, ˛ otro gravamen; por ser todo esto conforme Ó la naturaleza del contrato enfiteutico, y al modo frequente de celebrarle.

LXII.       Debiendo cada qui˝on, ˛ suerte mantenerse unida, y pasar del padre al hijo, ˛ pariente mas cercano, ˛ hija que case con Labrador util, que no tenga otra suerte, porque no se unan dos en una misma persona, habrÓ cuidado por parte del Gobierno en repartir sucesivamente tierras, ˛ nuevas suertes Ó los hijos segundos, y terceros &cc; para que de este modo  vaya el cultivo, y la poblacion en un aumento progresivo.

LXIII.      Si alguno falleciere abintestato, sin dexar heredero conocido alguno, que tenga derecho de heredarle, su suerte se devolverÓ Ó la Corona , par subrogar nuevo Poblador util.

LXIV.     De las enajenaciones que se hicieren en personas hßbiles, esto es labradoras, legas, y contribuyentes, y enajenandose la suerte entera, y no por partes, se tomarÓ la razon en el Libro de repartimiento; para que conste la mutacion de due˝o, si el contrato se opone al Fuero de Poblacion, y la responsabilidad del reconocimiento Ó la Corona.

LXV.      Siempre que hubiese enajenacion de suerte de un Poblador en otro, por contrato oneroso, se pagarÓ Ó la Real Hacienda el laudemio en la quota, que prescribe la Ley de Partida, que es la quinquagesima parte, y de otro modo serÓ nula, Ŕ irrita la venta, y traspaso; sin que de ella se siga traslacion de dominio.

LXVI.      Pasados los diez a˝os de la esencion, pagarÓn Ó S. M. estos nuevos Pobladores todos los tributos, que entonces se cobraren de los demas vasallos de S. M., y el Canon Enfiteutico, que se regulare en reconocimiento del directo Dominio, segun lo dispuesto en el articulo cincuenta y cinco.

LXVII.     Para que en estos Pueblos sean los Colonos Labradores y Ganaderos Ó un tiempo, sin lo qual no puede florecer la Agricultura , consumiendo pocos Ganaderos los aprovechamientos comunes, como lastimosamente se experimenta en gran parte de los Pueblos del Reyno; cada vecino se aprovecharÓ privativamente con sus ganados de los pastos de su respectiva suerte, sin perjuicio de introducirles en los exidos y sitios comunes demarcados, ˛ que se demarcaren Ó cada Lugar.

LXVIII.     Si con el tiempo se arrendare alguna porcion de tierra Concejil, han de ser preferidos los vecinos; y el que una vez entrare Ó desfrutarla, no ha de poder ser echado de ella, siempre que no se atrasare por dos a˝os en el pago de la renta, ni abandonare por el mismo tiempo su cultivo: en cuyo caso se ha de poder arrendar Ó otro vecino activo.

LXIX.       Por regla general el vecino ha de ser preferido al forastero en cualquier arrendamiento.

LXX.       Los Pobladores de cada Feligresia ˛ Concejo, serÓn  conobligados Ó ayudar Ó la construccion de Iglesias, Casas Capitulares, Carceles, Hornos, y Molinos, como destinados Ó la utilidad comun; y en lo sucesivo concurrirÓn Ó la reparacion en falta de caudales comunes.

LXXI.      Los productos del Horno y Molino, quedarÓn destinados para Propios del Concejo, como asimismo la pension del numero de fanegas de tierra labrantia, que destinarÓ el Superintendente de las Poblaciones para Peujar ˛ Senßra Concejil; estando en arbitrio de los Lugares, que componen el Concejo, arrendar estas tierras Ó vecinos baxo de pension, con las prevenciones del articulo sesenta y ocho, ˛ sembrarla todos de comun, y laborearla con la aplicacion de su producto Ó los Propios; cuyo regimen se gobernarÓ en todo conforme Ó la Instruccion de 30 de Julio de 1760, bajo de los reglamentos y ordenes del Consejo.

LXXII.      En cada Lugar puede ser util admitir desde luego, dos ˛ mas vecinos Espa˝oles, especialmente de Murcia, Valencia, Catalu˝a, Aragon, Navarra, y toda la Costa Septentrional de Galicia, Asturias, Monta˝as, Vizcaya, y Guipuzcoa; para que se reunan los estrangeros con los naturales, haciendo matrimonios reciprocos, quedando sujetos Ó las mismas reglas, que los Colonos estrangeros.

LXXIII.    Estrangeros catolicos podrÓn generalmente ser admitidos Ó estas Poblaciones; aunque no esten comprehendidos en la contrata del Teniente Coronel Turriegel, anotandose sus filiaciones, Patria, y repartiendoseles la tierra, utensilios, y auxilios, que Ó los de dicha contrata.

LXXIV.    Todos los ni˝os han de ir Ó las Escuelas de primeras letras, debiendo haber una en cada Concejo para los Lugares de Ŕl; situandose cerca de la Iglesia , para que puedan aprender tambiÚn la Doctrina y la Lengua Espa˝ola Ó un tiempo.

LXXV.     No habrÓ Estudios de Gramatica en todas estas nuevas Poblaciones; y mucho menos de otras Facultades mayores, en observancia de lo dispuesto en la Ley del Reyno, que con razˇn les prohibe en Lugares de esta naturaleza; cuyos moradores deben estar destinados Ó la labranza, crÝa de ganados, y Ó las artes mecßnicas, como nervio de la fuerza de un Estado.

LXXVI.    El arrendar las Dehesas boyales, el arbitrar los pastos comunes, la pßmpana de la vi˝a, ˛ la rastrojera, es el principio de aniquilar la labranza y cria de ganados, estancandola en pocos; por lo qual debe quedar enteramente prohibido el uso de este arbitrio; y el que haya Ganadero, que no sea labrador, arreglando el numero de cabezas Ó que puede llegar cada vecino en los pastos comunes, para una distribucion igual de su aprovechamiento; baxo de cuyas observaciones deberÓ el Superintendente formalizar las Ordenanzas municipales, que convengan: dandolas Ó entender Ó los nuevos Colonos, y todo lo demas que se manda, por medio de traducciones en su respectiva lengua; para que se enteren del espiritu del gobierno, y obren en consequencia.

LXXVII.   Se observarÓ Ó la letra la Condicion 45 de Millones, pactada en Cortes, para no permitir fundacion alguna de Convento, Comunidad de uno ni otro sexo; aunque sea con el nombre de Hospicio, Mision, Residencia, ˛ Granjerýa, ˛ con qualquiera otro dictado ˛ colorido que sea, ni Ó titulo de Hospitalidad; porque todo lo espiritual ha de correr por los Pßrrocos y Ordinarios Diocesanos; y lo temporal por las Justicias y Ayuntamientos, inclusa la Hospitalidad.

LXXVIII.    Se podrÓ trasladar alguna de las Boticas, que existian en las Casas de los Regulares de la Compa˝ýa Ó estas Poblaciones, para subministrar las medicinas Ó los enfermos, gobernandose provisionalmente la Hospitalidad , interin los Pueblos se fundan y establecen, por aquellas reglas, que se observan en el Exercito, y las que dictare la prudencia al Superintendente.

LXXIX.     Todo lo contenido en esta Instruccion, no solo se observara por los Comisionados, encargados de conducir las nuevas Poblaciones, y por los Pobladores mismos; sino tambien por los Jueces y Justicias del Reyno, Ó cuyo efecto se comunicarÓ Ó todas las partes que convenga, imprimirÓn, y distribuirÓn exemplares, para que llegue Ó noticia de todos, en forma autentica y solemne. Madrid y Junio veinte y cinco de mil setecientos sesenta y siete =

EstÓ rubricado.

     Y visto por el mi Consejo, se acord˛ expedir esta mi Cedula; por la qual, aprobando, como apruebo y confirmo la Instruccion inserta, os mando la guardeis, y cumplais literalmente en todo y por todo, segun y como en ella se contiene y expresa; sin permitir su contravencion en manera alguna, en consideracion Ó la utilidad que resultarÓ Ó mis Dominios y Causa p¨blica de su puntual, y exacta execucion, Ó cuyo fin dareis las ordenes y providencias, que tengais por convenientes, que asi es mi voluntad; y que al traslado impreso de esta mi Cedula, firmado de Don Ignacio Esteban de Higareda, mi Escribano de Cßmara mas antiguo, y de Gobierno del mi Consejo, se le dÚ la misma fÚ, y credito, que Ó su original. Dada en Madrid Ó cinco de Julio de mil setecientos sesenta y siete. YO EL REY. Yo Don Joseph Ignacio de Goyeneche, Secretario del Rey nuestro Se˝or, la hice escribir por su mandado. El Conde de Aranda. Don Joseph Manuel Dominguez. Don Jacinto de Tud˛. Don Bernardo Caballero. Don Juan de LerÝn Bracamonte. Registrada. Don NicolÓs Verdugo. Teniente de ChancillÚr Mayor: Don Nicolas Verdugo.

Es Copia de su Original, de que certifico.

Don Ignacio Esteban de Higareda.

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