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En todos los textos que tratan con una cierta extensión sobre Pedro Rodríguez de Campomanes se le considera como manteísta y se citan las clases de estudiantes de aquel tiempo de "manteístas" y "colegiales". Todo ello sin casi ninguna explicación y por tanto dejando al lector casual, como yo, en la incógnita del significado de estas dos expresiones y de la importancia que puedan tener en la ideología de Campomanes y en sus proyectos.

Manteístas y colegiales

 
Entre los estudiantes de las universidades castellanas de aquella época había una división en dos grupos entre los que había una notable diferencia con respecto a su situación económica y social y que tenía una proyección y unos efectos posteriores en la vida política y social: "manteístas" y "colegiales".
Los "colegiales" (hijos de familias nobles y adineradas) vivían, pagando o con ayuda exterior, en cualquiera de los diversos colegios de cerca de las universidades y se caracterizaban por una parte de su vestido llamada "beca" que era una banda cruzada en el pecho de hombro a hombro y que colgaba por la espalda sobre el manto. Este nombre, "beca", después pasó a significar la pensión o ayuda que recibieran.
Los "manteístas" (que eran de clase social inferior y con menos fortuna) vivían en pupilaje, pensiones o casas particulares. De estos los más afortunados trabajaban como paje de algún obispo, magistrado o cualquier otro personaje de relieve y de esta manera conseguían cierta categoría y protección para acceder a algún lugar importante en el futuro. Los más pobres o desafortunados buscaban la caridad de los conventos y el alimento de sopa boba (1); eran, por este motivo, conocidos también como "estudiantes de la sopa".El nombre de "manteísta" venía de su vestido peculiar que era una sotana y una capa larga o manteo con prohibición de llevar cualquier adorno que indicase una cierta superioridad o riqueza. Cuanto más maltrecho estuviese este vestido mejor ya que así mostraba cierta antigüedad y incluso siendo nuevo era costumbre ensuciarlo y desgarrarlo para darle esta categoría.
El grupo de "colegiales" ya se había convertido hacía muchos años en un grupo cerrado, selectivo y minoritario que incluso exigía una limpieza de sangre y linaje (que no hubiera en los ascendentes "ni judíos, ni moros, ni conversos ") para acceder a él; así los colegios mayores llegaron a ser un patrimonio exclusivo de un pequeño número de familias hasta el punto de que tanto desde los cargos eclesiásticos, públicos y de poder político como desde los cargos que iban consiguiendo dentro de las universidades controlaban la entrada de nuevos "colegiales" o facilitaban y financiaban la entrada de familiares o conocidos. La oposición para entrar en un colegio llegó a ser una mera fórmula o simulacro de oposición: el nombramiento de nuevos colegiales lo hacían los antiguos que residiendo en Madrid ocupaban puestos principales; eran los nombrados "hacedores". El mismo método se aplicaba en la entrega de títulos o para los resultados de oposiciones y concursos.
Por ignorantes que fueran los "colegiales" sólo salían de los colegios para ocupar un lugar en alguna audiencia, canonjía o cualquier otro plaza de menor importancia; de este modo se estableció un pacto entre "hacedores" y "colegiales".
La enseñanza decayó cada vez más por el desastroso estado al que llegaron estas escuelas en el siglo XVII y comienzos de XVIII, por la mala influencia de los colegios mayores que alejaban a los buenos maestros, toleraban la ausencia de los alumnos, hacían ilusorios los ejercicios académicos, dispensaban cursos, otorgaban e incorporaban grados indebidamente, tiranizaban a claustros y rectores, y no permitían por interés propio que se hiciera ninguna reforma.
 
En el libro "De la Instrucción Pública en España" de Antonio Gil de Zarate, de 1855, se encuentra una buena información sobre este tema (tomo 2, capítulos IV y V) y sobre la Facultad de Jurisprudencia o Junta de Prácticas, sobre los planes de estudio y sobre la obtención, en aquellos tiempos, del título de "Cánones y Leyes" (tomo 3, capítulo VII). Es una buena ayuda para cuando uno empieza a preguntarse sobre la formación de Campomanes.
 
(1) La "sopa boba" era el alimento, hecho con la mezcla de restos del menú diario, que se daba a cambio de alguna actuación (música, trova o poesía) a los llamados "sopistas" en las posadas o fondas; también se conoce con este nombre la sopa que se daba en los conventos a los pobres o sin techo que iban pidiendo caridad.

 
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